Las responsabilidades del anciano de iglesia

Aunque puede variar de iglesia en iglesia, en general esta responsabilidad incluye los siguientes componentes:

1) La visitación. El anciano de la iglesia llega a ser un elemento vital para el cuidado y fortalecimiento espiritual de la feligresía efectuando una comunión mutua en la cual se encuentra y se practica el amor y la confianza, dándole ánimo y motivación al pastor. El anciano puede visitar con efectividad a los miembros en sus casas, animar a otros miembros para que ayuden en la visitación y entrenar a los interesados.

 

2) Dedicación. Es esencial que el anciano de iglesia se interese en la ganancia de almas. Los miembros de la iglesia necesitan saber que sus líderes tienen una visión clara de la misión de la iglesia, y que con sus hechos demuestran su validez e importancia. El iglecrecimiento encuentra su significado en la práctica, cuando es captado por los líderes en vez de sólo discutirlo y enseñarlo a los feligreses. El anciano debe dedicar tiempo a los inconversos e interesados. Al demostrar determinación y dedicación a la ganancia de almas, otros en la congregación captarán el mismo espíritu, y se incluirán a cumplir la misión de la iglesia.

 

3) Dirección de los servicios de la iglesia. El anciano debe ser capaz de dirigir los servicios de la iglesia. Es responsable por aprender y desarrollar las habilidades necesarias para la dirección del culto; la lectura de las Escrituras, cómo dirigir las oraciones públicas, la planificación del orden de servicio, y en las iglesias más pequeñas o de distrito, la predicación. La dirección dinámica puede transformar un servicio de culto sin espíritu y lánguido en una celebración expresiva de alabanza.

 

4) Mentor espiritual. La vida espiritual del anciano debería inspirar a los miembros de la iglesia a buscar una experiencia espiritual más profunda. I Timoteo 3, describe la vida cristiana de un anciano con estas palabras: “. . . irreprensible, esposo de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; no dado al vino, ni violento; sino amable. . .”. Un anciano debe ejemplificar una personalidad total cristiana, un ideal elevado a que cada miembro pueda aspirar. Debe reflejar y manifestar el fruto del Espíritu en sus relaciones con los de más: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, y templanza (Gál 5: 22, 23).

 

5) Administración de la iglesia. El anciano debe siempre hacer una aportación positiva a la organización y progreso de la iglesia. No debe pretender de dominar o controlar, sino de capacitar a otros para que participen en el proceso de decisiones. El anciano sirve a menudo en la capacidad de asesor de varios departamentos, comisiones y proyectos. Debe facilitar la unidad entre las varias entidades de la iglesia, comunicando el progreso a la junta de iglesia y animando a todos para que participen unidamente.